sábado, abril 01, 2006

AUTOBUS 174, EL PRECIO DE LA MISERIA

Director: José Padilha / Guión: José Padilha / Producción: José Padilha y Marcos Prado / Género: Documental / Formato: Betacam / Duración: 120 minutos

Fade out. Toma aérea. Largo plano secuencia que empieza en las aguas azules y calmas del atlántico y que nos lleva sobre las calles de Río de Janeiro, sobre los barrios de esta ciudad en la que conviven en un desgarrador contraste las miserables fabelas y los barrios residenciales, esta ciudad en la que ricos y pobres se ven las caras cada mañana, cada tarde, cada noche. En off, testimonios de policías y chicos de la calle. Así empieza AUTOBUS 174, este estremecedor documental que acabó de ver ayer por la noche.

Sandro do Nascimento es un joven que ha visto y ha vivido situaciones durísimas. Ha presenciado el asesinato de su madre con navaja y a sangre fría. Desde ese día adoptó (sin mayor opción de por medio) las calles de Río de Janeiro como su hogar. Sandro fue también uno de los sobrevivientes de la matanza de La Candelaria el 23 de Julio de 1993 en la que un escuadrón de la muerte asesinó a sangre fría a siete niños y a un joven.

La historia de este muchacho puede ser pues, la historia de muchos otros niños y jóvenes que, por diversos motivos, cada uno más triste y oscuro que el otro, encuentran en la calle y en el hallazgo de los semejantes una forma de sobrevivir. Invisibles a una sociedad que se rehúsa a verlos, a asumir su innegable responsabilidad sobre ellos, a pesar de que vagan en hordas por la ciudad y vista y paciencia de todo el mundo. Entonces, estos muchachos poco o nada tienen que perder, la vida se les ha convertido en un carpe diem eterno, desgarrado e involuntario. Drogas, delincuencia, violencia, hambre, promiscuidad, desamparo. Es acaso que tienen otra opción en una sociedad en la que la gran mayoría esta de acuerdo con su exterminación; en la que no tienen posibilidad alguna de cambio o de mejora o de reinserción social; en donde la imperante necesidad de ser un hombre sobre la tierra, de ser un ser humano como tu o como yo, simplemente no existe. No hay más salida que la vida dura de la calle y el autoaniquilamiento progresivo del alma.


La mañana del 12 de junio del 2000, Sandro, con un revolver cargado con cuatro balas y bajo del efecto de la cocaína, su droga de elección, sube al autobús 174 con el objetivo único de asaltarlo y conseguir un poco de dinero para seguir consumiendo. Es entonces que todo se sale de proporciones. La policía llega y, Sandro, con miedo y sin ningún plan, toma como rehenes a los pasajeros.

Es en torno a este suceso que el director y autor del guión Jose Padilha desarrolla una crítica aguda a la sociedad Brasilera: a los medios de comunicación que convirtieron el acontecimiento en poco menos que un circo; a la policía corrupta, poco entrenada e incapaz de afrontar una situación semejante; al pueblo ciego que lo único que quiere es que esos muchachos, de los que Sandro por unas horas se convierte en un símbolo, sean arrasados, desaparecidos de las calles, como si de esta manera se pudiera solucionar el problema.

Sandro, rodeado por una masa de policías, periodistas y curiosos, tiene miedo, no sabe que hacer, no sabe que pedir, se dice y se desdice, durante horas se pasea de un lado a otro con el arma en la mano. Finalmente decide salir con una de las rehenes a “dar un paseo”, el último. Una vez abajo uno de los policías se acerca y dispara, se produce un gran alboroto que termina con el rehén muerto y Sandro vivo. Los policías se lo llevan en una camioneta y en el camino lo matan asfixiándolo. El asesinato a sangre fría de Sandro fue aprobado y casi aplaudido por el pueblo.

Definitivamente, AUTOBUS 174 es un trabajo que hay que ver, pero para el que hay que estar preparados, puesto que es crudo y las escenas reales del secuestro alternan con testimonios de testigos, policías, amigos de Sandro y más.

NOTA: En el New York Times fue elegida como una de las diez mejores películas del 2003. Obtuvo un Emmy en la categoría logro artístico y cultural.

IMAGEN 1: Fotomontaje por JAG.
IMAGEN 2: Sandro do Nascimento apuntando a rehen.